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Cáncer en los niños: “La principal señal de alarma es que veamos síntomas que perduran en el tiempo”

Nos sumamos a la conmemoración del Día Nacional del Niño con Cáncer de la mano de nuestra especialista en Pediatría María José Gil

21/12/2018

Este 21 de diciembre se conmemora el Día Nacional del Niño con Cáncer, iniciativa impulsada por la Federación Española de Padres de Niños con Cáncer, y que busca sensibilizar a la sociedad española sobre esta grave enfermedad, que cobra más gravedad si cabe cuando la padecen los más pequeños.

El Hospital Costa de la Luz ha querido sumarse a esta causa, reivindicando la enorme importancia que tienen los profesionales, en especial del área de Pediatría, en el cuidado y tratamiento de los niños que padecen cáncer, y también en el trato con los padres de los pequeños.

La Dra. María José Gil Domínguez, una de nuestras especialistas de Pediatría General, aclara que los procesos tumorales-cancerígenos presentan enormes diferencias entre los niños y los adultos.

 

¿Qué señal debemos atender en un niño?

En primer lugar, destaca la doctora, los cánceres y tumores son patologías infrecuentes en la edad infantil y normalmente “los cánceres infantiles tardan en ser diagnosticados”, debido a las analíticas y otros estudios que deben realizarse. El Hospital Costa de la Luz, en este sentido, tiene la ventaja respecto al sistema sanitario público que posibilita la realización inmediata de pruebas, sin necesidad de tener que esperar días, semanas o meses.

No obstante, y en relación a lo expuesto, existe una señal para el especialista para sospechar de que los síntomas concretos que presenta el paciente pudieran comprender procesos de cáncer o tumorales, y es la “persistencia de los síntomas en el tiempo”. Así, por ejemplo, en enfermedades cancerosas como la leucemia suelen manifestarse como fiebres de larga duración, cansancio crónico, dolores musculares que se no se resuelven en plazos normales o que son persistentes (otro tipo de tumores, como los cerebrales, entrarían en otro segmento, pues implican una sintomatología muy concreta por su específica clínica neurológica).

Imagen por rayos de un linfoma pulmonar

Por lo tanto, la oncología “no se consulta directamente”, y por ello “la alerta siempre debe surgir cuando haya síntomas que se prolonguen más de lo normal”. Es ante estas situaciones cuando se llevan a cabo otros estudios mediante analíticas y pruebas radiológicas, entre otras.

La Dra. María José Gil detalla que los cánceres más frecuentes que sufren los niños son la leucemia y los que afectan al sistema nervioso central, y también hay otros casos comunes como linfomas (tejido linfático), neuroblastomas (tejido nervioso de las glándulas suprarrenales) y también los sarcomas (tejidos blandos), y afecta indistintamente a todas las edades pediátricas, si bien hay algunos tipos, como el neuroblastoma, que tiene una edad de aparición más temprana, en la primera infancia, mientras que la leucemia afectaría a una infancia más avanzada y a cualquier edad en general.

 

¿Factores de riesgo?

Por un lado, la especialista pediatra distingue los factores de riesgo que coinciden en todas las etapas de la vida, seamos niños o adultos. En este grupo se incluiría, por ejemplo, el tabaco, “un cancerígeno conocido por todos, y que es peligroso tanto para el que fuma como para el fumador pasivo”. El humo del tabaco que respira una persona en su infancia puede derivar en complicaciones futuras (ya en la edad adulta).

Un factor de riesgo conocido que puede desencadenar cáncer –el cervicouterino es común en las mujeres– en la etapa adulta es el virus del papiloma humano (VPH), y aquí sí funciona la prevención mediante vacuna.

Otro factor muy común es la excesiva exposición al sol y su radiación, por riesgo de melanomas. Del mismo modo, la exposición a numerosas pruebas radiológicas también supone un factor acelerador de las enfermedades cancerígenas. En este sentido, la doctora Gil Domínguez explica que en el cáncer infantil “no hay factores de riesgo conocidos, a excepción del sol”, ya que no es poco frecuente el melanoma infantil.

Sin embargo, en aquellos cánceres que aparecen en la edad infantil, se desconoce la etiología, y casi siempre se apunta a alteraciones genéticas (heredadas) o embrionarias, que luego derivan en un proceso canceroso en el niño. La especialista recuerda que existen enfermedades genéticas con las que hay más predisposición a padecer cánceres familiares, como es el caso del cáncer de mama o de colon.

 

Avances en los tratamientos

Una vez diagnosticada la enfermedad en el niño, se procedería a la fase de tratamiento, la cual implica metodologías “clásicas” como la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía, así como el trasplante de médula ósea en ciertas enfermedades. A estas intervenciones ‘tradicionales’ se ha sumado, con las investigaciones científicas punteras en este campo, el “revolucionario tratamiento mediante inmunoterapia”.

Por ejemplo, si hablamos de la quimioterapia y la inmunoterapia, mientras que la primera “va a atacar todas las células que se reproducen en tu cuerpo, indiscriminadamente (tumorales, médula ósea, etcétera), puede perjudicar a nuestro organismo de forma global, provocando la caída del pelo, aplasias medulares, diarreas por fallos del sistema digestivo”. Sin embargo, con la inmunoterapia se logra una “terapia dirigida”, donde se reconocen la mutación y las proteínas específicas del tumor, y “se crean nuevas defensas para atacar ese elemento extraño”. Por lo tanto, la inmunoterapia, que está en pleno desarrollo, es una terapia “dirigida y con menos efectos secundarios”.

La Dra. Gil Domínguez detalla que en la actualidad, el porcentaje de curación del cáncer entre los niños ronda el 80% de los casos, cifra que “mejorará en los próximos años a medida que se vayan mejorando las terapias y tratamientos”.