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La medicina de precisión sale al rescate de la quimioterapia en los tumores más agresivos

Un grupo de investigadores presenta en el congreso europeo de oncología la primera inmunoterapia para cáncer de mama triple negativo

30/10/2018

El germen de la quimioterapia olía a ajo quemado, a rábano picante, a mostaza, recuerda Siddhartha Mukherjee en su obra El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer. Este oncólogo y divulgador científico se refiere al gas mostaza, un compuesto tóxico utilizado como arma química que se escondía en los obuses durante la Primera Guerra Mundial. De ahí, de una guerra, salió precisamente uno de los grandes tratamientos que desarrolló la ciencia del siglo XX para librar su particular batalla contra el cáncer: la quimioterapia. La exposición a ese gas mostaza, que a corto plazo provocaba quemaduras en la piel, ampollas, ceguera y problemas respiratorios, producía a largo plazo un efecto inesperado: dejaba bajo mínimos los glóbulos blancos de la médula ósea. Pasaron muchos años desde los primeros bombardeos con gas mostaza hasta que se cayó en la cuenta de que esos efectos que producía, en un contexto controlado y con dosis reducidas, podrían servir para fulminar, por ejemplo, esos glóbulos blancos que crecen anormalmente rápido (leucemia).

Las posibilidades terapéuticas del gas mostaza y sus descendientes se fueron puliendo con los años hasta desarrollar un arsenal quimioterápico que ahora funciona como primera línea de tratamiento en muchos tumores. Sin embargo, estas terapias a veces fallan: por un lado, la quimioterapia dispara por aspersión, matando a las células malignas, pero también las sanas, lo que provoca importantes efectos secundarios; por otra parte, en su afán natural de supervivencia, el cáncer ha aprendido a sortear estos tratamientos tóxicos y no responde a los ataques.

Pero al rescate de la quimioterapia ha llegado en los últimos años un ejército de fármacos de precisión para reforzar la línea defensiva. Por ejemplo, medicamentos que son capaces de quitarle el disfraz a las células tumorales y hacer que los linfocitos del propio sistema inmune reconozcan estas células y las maten (inmunoterapia). También se han desarrollado tratamientos que, literalmente, matan de hambre a las células malignas (antiangiogénicos), y otras terapias que inhiben las funciones de proteínas que ayudan a que los tumores proliferen. Todo ese arsenal terapéutico está en marcha y ya ha dado sus frutos en el campo de batalla.

Durante el congreso europeo de oncología celebrado el pasado fin de semana en Munich, se ha vuelto a constatar, de hecho, el potencial que tiene la combinación de fármacos de precisión con quimioterapia para mejorar la supervivencia y la progresión de los tumores más agresivos. En esta conferencia se ha presentado, por ejemplo, la primera inmunoterapia para el cáncer de mama triple negativo, un tumor que afecta al 15% de las mujeres y que tenía un pronóstico de 18 meses. Este estudio, en el que han participado nueve hospitales españoles, demuestra que la combinación de quimioterapia con atezolizumab —una inmunoterapia comercializada por la farmacéutica Roche, la compañía que ha pagado la presencia de EL PAÍS en este congreso—, mejora la supervivencia y la progresión libre de enfermedad (el tiempo que el enfermo está sin que rebrote el tumor) en un subtipo de pacientes muy concreto y con escasas alternativas terapéuticas: aquellas mujeres con cáncer de mama de tipo triple negativo, que ya tiene metástasis en otros órganos del cuerpo y que, además, tiene la particularidad molecular de que sus células tumorales tienen sobreexpresada una proteína (llamada PDL-1), que hace que el sistema inmune no reconozca estas células. Lo que hace el atezolizumab es, precisamente, bloquear esta proteína y espabilar a los linfocitos para que reconozcan estas células malignas.

Este estudio, publicado en la revista científica New England Journal of Medicine (NEJM), prueba por primera vez el éxito de la inmunoterapia en un subtipo de tumor donde este tratamiento nunca había cosechado grandes éxitos.

 

Vía: El País (ver el artículo completo)