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10 malas prácticas sobre medicina

Ibuprofeno, alcohol y agua oxigenada para heridas sangrantes, andador para bebés, bastoncillos para los oídos... Desmitificamos algunas costumbres muy arraigadas.
10 malas prácticas sobre medicina

10 malas prácticas sobre medicina

23/08/2016

1. Alzar la cabeza durante una hemorragia nasal

Las hemorragias nasales o epistaxis son muy frecuentes y es bastante probable que en algún momento de nuestra vida tengamos que ayudar a alguien que sangra por la nariz. Ya sea por un golpe fuerte en el tabique nasal o por otras circunstancias que alteran su mucosa (como sinusitis, resfriados, alergias, etc), la persona comienza a sangrar.

La primera recomendación universal es tapar la nariz para tratar de detener la hemorragia. La actuación ideal para conseguir esto es apretar suavemente con los dedos la parte blanda de la nariz para obstruir las fosas nasales durante varios minutos (entre 5 y 20 minutos) y así detener la hemorragia mientras se respira por la boca. A diferencia de lo que dice la cultura popular, la utilización de gasas o pañuelos como tapones no está aconsejada, en un primer momento, si con los dedos se puede solucionar. ¿La razón? Insertar una gasa o pañuelo en la nariz puede irritar aún más la zona de la hemorragia o volver a provocarla tras su retirada.

Mientras la persona presiona la nariz para detener la hemorragia, mucha gente en España recomiendan alzar la cabeza. Craso error (como relato en 10 mitos peligrosos e inútiles sobre primeros auxilios). Al alzar la cabeza se está facilitando que la sangre vaya hacia las vías respiratoria o digestiva, haciendo más probable que la sangre se trague (aumentando así el riesgo de náuseas y vómitos) o, incluso, que pueda pasar a las vías respiratorias (algo muy peligroso si la persona no estuviera consciente). Por todo ello, lo que debe hacerse es inclinar a la persona hacia adelante y hacia abajo para procurar que la sangre de la nariz salga hacia las fosas nasales y no hacia las vías respiratoria y digestiva.

2. Emplear ibuprofeno de 600 mg para el dolor leve-moderado

El ibuprofeno es uno de los mejores medicamentos de andar por casa para tratar el dolor leve-moderado (especialmente si va acompañado de inflamación, como suele ocurrir a menudo en el dolor de muelas o en el dolor por algún golpe en una extremidad).

Sin embargo, en España tenemos una muy mala costumbre que no ocurre en la mayoría de los países occidentales: empleamos pastillas con dosis de 600 mg con demasiada alegría y desparpajo. ¿Y cuál es el problema? Pues que está más que comprobado que para tratar el dolor leve-moderado una dosis de 400 miligramos cada 8 horas es más que suficiente. A esa dosis es dónde este fármaco muestra mayor eficacia con el menor riesgo de efectos adversos. Todo lo que sea una dosis superior es añadir más riesgo (cardiovascular y gastrointestinal) y poco o nada beneficio.

Como alertaba la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria, se estima que existen 8,5 millones de españoles que reciben dosis diarias de ibuprofeno superiores a las recomendadas y que sólo se dispensan dosis de 400 mg para el 4,8 % de los casos de dolor leve-moderado. Así pues, la próxima vez que tenga que acudir a la farmacia para tratar su dolor, recuerde: ibuprofeno de 400 mg SÍ, 600 mg NO.

3. Aplicar alcohol y agua oxigenada para las heridas

Como explicaba con profundidad en un artículo sobre el agua oxigenada y el alcohol en las heridas, una de las creencias más arraigadas de nuestra sociedad es la célebre máxima y no menos típica frase de abuela: “Si escuece es que cura”. Es muy típico que en nuestro país se utilicen ambas sustancias en las heridas sangrantes con la intención de limpiarlas y eliminar los gérmenes presentes en ellas. Y si “escuece” es que está haciendo su efecto beneficioso.

Desgraciadamente, el agua oxigenada y el alcohol no son buenos antisépticos aunque sean buenos desinfectantes. Es decir, si se aplica alguna de estas sustancias a una mesa o en la superficie de la piel, por ejemplo, ejercen una relativamente buena acción a la hora de desinfectar (matar a microorganismos). Pero a la hora de aplicarlos a las heridas la historia cambia porque los tejidos vivos inactivan parte de su acción. Además, no sólo dejan mucho que desear como antisépticos, también agreden a los tejidos de la herida, dificultando la cicatrización e, incluso, favoreciendo indirectamente la infección al matar a las células blancas.

Por todo ello, la mejor actuación ante una herida es la limpieza con agua abundante y jabón, retirando cualquier elemento extraño que se encuentre en ella. Tras este paso, hay que aplicar antisépticos más eficaces y respetuosos con los tejidos vivos como la povidona yodada (más conocida como Betadine) o la clorhexidina. Según en dónde esté situada la herida y el riesgo de contaminación puede ser conveniente taparla con una gasa o tirita. Es lo que haríamos, por ejemplo, si la herida se situase en el pie. Aunque eso conllevaría que la reparación de la herida fuera un poco más lenta.

4. Usar el andador o tacatá para los bebés

¿Cuál es el mejor andador para un bebé? El que no se usa, como afirma de forma tajante la Asociación Española de Pediatría. No existe para el bebé objeto más sumamente inútil, estúpido y peligroso que un andador. Las razones detrás estas rotundas afirmaciones no lo son menos:
Porque cuadriplican el riesgo de caída por una escalera, duplican el riesgo de fractura por caída por una escalera y además adelantan la edad de caída por una escalera de los doce a los ocho meses. También aumentan el riesgo de quemaduras y de intoxicaciones.

Y no es sólo la Asociación Española de Pediatría quién se ha pronunciado al respecto. En Estados Unidos, en el año 2001, la Academia Americana de Pediatría realizó un artículo sobre los andadores que no dejaba indiferente a nadie que tuviera niños:

Se estimó que en 1999, 8.800 bebés menores de 15 meses habían sido atendidos en urgencias por lesiones asociadas a los andadores. Se informaron de 34 muertes de bebés por la utilización de andadores entre 1973 y 1998. La mayoría de las lesiones ocurrieron por caídas por las escaleras y las lesiones en la cabeza fueron frecuentes.

Pero lo más sangrante del caso de los andadores es que no sirven para absolutamente nada. No ayudan a los bebés a caminar, al contrario, pueden retrasar el normal desarrollo motor y mental. Además, las estrategias realizadas para reducir el riesgo asociado a los tacatás (como vallas frente a las escaleras) han sido insuficientes para prevenir las lesiones en los bebés.

Por todo eso y mucho más, la Academia Americana de Pediatría realizó una petición pública de prohibición de los andadores en Estados Unidos, aunque dicha petición no llegó a obtener sus frutos. Aún así, países como Canadá prohibieron su uso desde el año 2004 y no se andan precisamente con chiquitas: la posesión de un andador para bebés puede suponer penas de 100.000 dólares o seis meses de cárcel. Tampoco sería de extrañar que en un futuro no muy lejano la venta de andadores o tacatás se prohibiera en Europa y Estados Unidos.

5. Aplicar vaselina, mantequilla, claras de huevo o pasta de dientes a las quemaduras

Se sorprenderían de la cantidad de remedios caseros de lo más extraños que se utilizan para tratar las quemaduras sin el más mínimo respaldo detrás (podría hacerse todo un estudio antropológico sobre el tema). Como caso más conocido, tenemos el cansino email en cadena que circula periódicamente alabando las bondades de las claras de huevo para las quemaduras, pero hay muchos más. En Nigeria, por ejemplo, son más originales y utilizan aceite de motor para las quemaduras.

¿Por qué se desaconseja utilizar estos potingues de andar por casa para el tratamiento de las quemaduras? Porque hacen mucho mal y ningún bien. En concreto, la mantequilla y las claras de huevo contienen nutrientes ricos (y con fundamento) para muchos microorganismos, por lo que aplicarlo a quemaduras significa crear un caldo de cultivo ideal para ellos, favoreciendo la infección.

Además, la aplicación de vaselina, mantequilla, claras de huevo y pasta de dientes dificulta la limpieza periódica de la quemadura y puede crear un ambiente sin oxígeno (anaeróbico) que puede llevar a infecciones más peligrosas. Como añadido, la pasta de dientes puede contener sustancias que irriten los tejidos de la quemadura, empeorando su estado. En general, todos estos potingues sólo sirven para dificultar la correcta reparación de las quemaduras. La actuación recomendada es aplicar a la quemadura agua corriente fría durante varios minutos (hasta que se note cierto alivio del dolor) y tapar la zona con gasa estéril para evitar infecciones. Si la quemadura es grave, profunda o de extensión notable es recomendable acudir raudo y veloz a urgencias.

6. Usar cepillos de dientes de cerdas duras

Algunas personas creen que cepillarse los dientes con cerdas duras es más efectivo porque así “arranca” mejor la suciedad de los dientes, protegiéndolos mejor. La realidad, no obstante, es bien diferente. Los cepillos de dientes de cerdas duras apenas limpian mejor y pueden dañar el esmalte de los dientes y provocar sangrado e inflamación de las encías. Sólo se recomienda la utilización de este tipo de cepillos de dientes para las dentaduras postizas.

El cepillo de dientes recomendado para la población general debe ser de cerdas suaves y blandas, que no agreden a los dientes ni las encías y limpian bien la boca.

7. Tomar bicarbonato para la acidez

La tradición de tomar bicarbonato sódico contra la acidez o pirosis se remonta a hace mucho tiempo. En su día, cuando no disponíamos del arsenal terapéutico que tenemos en la actualidad para combatir la acidez, tomar bicarbonato podía ser una buena idea (siempre dentro de ciertos límites). Sin embargo, recomendarlo ahora para la acidez es como recomendar a alguien que tome una infusión de manzanilla para su dolor moderado de espalda, existiendo el ibuprofeno. ¿Para qué recomendar algo menos eficaz de lo que ya hay? Además, en el caso del bicarbonato, posee más riesgos que los tratamientos equivalentes modernos.

Las razones por las que se desaconseja el uso de bicarbonato sódico (y también el carbonato cálcico) contra la acidez, en favor de otras opciones, son varias. La primera es que produce el llamado efecto rebote cuando se consume durante un largo intervalo de tiempo: el estómago se acidifica más para compensar la neutralización de la acidez conseguida por el bicarbonato (que es una sustancia básica). Lo que provoca justo aquello que queríamos evitar. Además, la duración de su efecto es corta.

Por otro lado, el bicarbonato sódico se absorbe por el tracto digestivo y pasa a sangre, pudiendo provocar efectos secundarios sistémicos como una alcalosis metabólica (la sangre se hace más básica de lo que debería), además de aumentar la tensión arterial y facilitar la retención de líquidos.

Por tanto, para ocasiones puntuales de acidez, el tratamiento de elección es la combinación de sales y/o complejos de aluminio y magnesio. El más utilizado en estos casos es el almagato (que muchas personas conocen como Almax), una pena que ya no lo cubra la Seguridad Social desde el último medicamentazo. Si la acidez es más seria y frecuente se recomienda la visita al médico para que valore la utilización de otros tratamientos más adecuados.

8. Usar bastoncillos para limpiar los oídos

Para algunas personas, evitar el uso de bastoncillos para limpiar los oídos puede resultar superior a sus fuerzas, como si existiera una irresistible tentación a hacerlo. Sin embargo, este acto es totalmente innecesario ya que el oído es un órgano que está preparado para limpiarse por sí mismo. La cera que se produce en su interior va siendo expulsada lentamente hacia el exterior con el tiempo gracias a los cilios.

Al aplicar un bastoncillo al oído no sólo nos arriesgamos a empujar hacia el interior la cera (haciendo más difícil su eliminación), también (si vamos más allá) se presenta la posibilidad de perforar el tímpano. De hecho, existen algunos casos documentados de graves complicaciones por la utilización de bastoncillos. El más grave y recientemente documentado ocurrió en Canadá en el año 2007. Un hombre de 43 años llamado Daniel St-Pierre murió de una meningitis como consecuencia de una otitis bacteriana que se produjo cuando perforó accidentalmente el tímpano con un bastoncillo. Sí, es un caso extremo y rocambolesco, pero nos da una idea de lo que pueda llegar a ocurrir.

Por todo ello, no es nada recomendable la utilización de bastoncillos para limpiar los oídos, aún en las personas que pueden presentar cierta propensión a formar tapones de cera. Si este fuera el caso (se suele notar porque se oye bastante peor en el oído taponado), la actuación ideal es acudir al médico o a la enfermera para que le retire con cuidado el tapón o le indique algún tratamiento para eliminarlo.

En realidad, los bastoncillos sí que tienen cierta utilidad y es la de limpiar el interior de la oreja. Todo lo que sea meterse hacia el oído está estrictamente desaconsejado. Como dicen con frecuencia los médicos anglosajones: Nunca te metas en el oído algo más pequeño que el codo.

9. Tomar vitamina C para prevenir o tratar resfriados o gripes

Con cada epidemia invernal de gripes y resfriados, aparece en la pequeña pantalla diversos medicamentos promocionándose con su destacada vitamina C en la parrilla publicitaria. Esta estrategia de marketing, sin embargo, no está avalada por las decenas de estudios científicos que cuestionan el supuesto beneficio de la vitamina C para prevenir o tratar estas infecciones víricas en circunstancias y personas normales. Su único y discutido posible beneficio es un ligero acortamiento en la duración de los síntomas.

El premio Nobel Linus Pauling, defensor acérrimo e incondicional de la vitamina C, fue quién mitificó sus beneficios sin ningún respaldo científico y estas creencias se fueron extendiendo incluso entre los médicos. Por suerte, ahora sabemos más y si lo que queremos es aliviar los síntomas de una gripe o un resfriado lo mejor es recurrir a tratamientos sintomáticos de eficacia demostrada como el ibuprofeno o el paracetamol y así aguantar mejor el tirón.

10. Poner algo en la boca para proteger la lengua durante una convulsión

En el año 2007, una reveladora encuesta a más de 4.000 personas dejó al descubierto muchos mitos sobre la epilepsia. Entre todos ellos destacaba una práctica de salud totalmente errónea y preocupante: un tercio de los encuestados respondieron que, ante un ataque epiléptico, deberían poner algo en la boca para evitar que se “tragara la lengua”. Este mito también está bastante presente en España y es vital informar sobre las consecuencias de realizar esta peligrosa práctica.

NUNCA debe ponerse algo en la boca de alguien que está sufriendo una convulsión. ¿Por qué? Por multitud de razones: Primero, porque el objeto podría desplazarse y obstruir la vía aérea, asfixiando a la persona. Segundo, el objeto que se introduce en la boca podría lesionar las encías o destrozar los dientes de la persona que convulsiona (especialmente si es un objeto duro). Tercero, al tratar la persona de introducir un objeto en la boca, puede lesionarse los dedos si la persona le muerde durante el proceso. Pero es que, además, es imposible que una persona pueda tragarse la lengua. En todo caso lo que sí que podría es mordérsela, pero introducir algo en la boca difícilmente lo evitaría.

La mejor actuación ante una convulsión es dejar a la persona acostada de lado para favorecer la salida de saliva de la boca, proteger la cabeza con alguna almohada o algo blando para evitar daños en el cráneo y retirar cualquier mueble u objeto duro alrededor para evitar que se golpee. Sólo solicitar ayuda médica urgente si (en el caso de una convulsión tónico-clónica):
-La convulsión dura más de 5 minutos
-Es la primera vez que convulsiona esa persona
-Se suceden varias convulsiones en el tiempo sin que el sujeto recobre la consciencia
-La persona se lesiona durante la convulsión u ocurre cualquier otra cosa que le sugiere que es necesario acudir al médico